Tifón 20 / 2018 (Japan)

“Intemperie”  Sobre la creciente virulencia de los agentes atmosféricos.

30 de agosto de 2018  Luis Rabasco, Tokio

Contemplar el paisaje desde este lado del cristal, en el interior de un ambiente confortable de un alojamiento saneado, donde la temperatura, la luz y la humedad están bajo control, es un privilegio que los avances de nuestra tecnificada civilización nos ofrece. Pero mientras en el interior reina este agradable ambiente artificial, en el exterior las cosas pueden ser muy distintas, el clima es el que manda. En un bonito día de primavera el tiempo nos muestra su lado más agradable, otro día, por el contrario, el clima es adverso. Ahora que todos comentan “el cambio climático”, deberíamos caer en la cuenta de que lo normal en el clima es precisamente eso, el cambio. Los naturalistas de todo el mundo saben bien que el clima de la tierra nunca ha permanecido estable y que su característica más connatural es el cambio y la inestabilidad.

Los tifones representan uno de los mayores inconvenientes de la vida de los pueblos de Japón. Sin embargo, de unos años a esta parte, los tifones que azotan esta región del planeta parecen estar cobrando una mayor de intensidad. Los desastres naturales y los consecuentes daños causados van en progresivo aumento. El reciente tifón número 20 ha dejado a su paso por la península de Kii un reguero de destrozos que demuestra claramente la creciente fuerza destructora que éstos poseen. Los vientos han sido especialmente intensos (60 Km/h) llegando a derribar numerosos árboles. Ha levantado techados y provocado el derrumbe de laderas. No se recordaban en las comarcas de Wakayama y de Mie tan intempestivos vendavales. Los árboles centenarios que aquí crecen lo ponen de manifiesto. Ya en el 2017, los tifones dispararon las alarmas en la agencia meteorológica y llevaron a los cuerpos de protección ciudadana a movilizarse para alertar a la población. En este año de 2018, los record de altas temperaturas veraniegas, unido a  los daños provocados por los tifones, nos hacen temer que estos fenómenos meteorológicos están incrementando su virulencia.

Muchas personas mayores han hecho su vida en estas comarcas y sus casas también han ido notando el paso de los años. El clima, uno de los más húmedos del planeta, unido a la madera empleada en su construcción hace que la mayoría de ellas se resientan de los agentes atmosféricos: altas temperaturas en verano con humedad elevada, vientos huracanados en época de tifones. Por otro lado, es una región intensamente fría y seca en invierno. Las viviendas se resienten por el duro clima y el  pasar de los años. El aspecto de abandono y consecuente deterioro se puede palpar en muchos rincones de estas pedanías.

6 de septiembre de 2018  Luis Rabasco, Tokio

La naturaleza violenta de Japón parece no dar respiro a sus moradores. En el presente artículo publicado el 30 de agosto comentaba los daños que el tifón número 20 había causado a su paso por la prefectura de Mie. Apenas unos días más tarde, otro tifón, el número 21 de 2018 superaba con creces la fuerza destructora del anterior (950 Hectopascal). No se había sufrido un tifón de similares características desde hace un cuarto de siglo. Los daños han sido cuantiosos en la región de Kansai.

Hoy día 6 de septiembre, nos despertamos con la noticia de que un fuerte terremoto de intensidad 6,7 (según la escala de Japón) ha sacudido Hokaido. Curiosamente todos estos acontecimientos coinciden con el día de la prevención de desastres celebrado el pasado fin de semana en todo el país.

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